viernes, 14 de agosto de 2015

Espectador


Ausente. Caminaba a paso lento, entre la gente, por calles que reconocía a medias. Cada tanto se detenía, prestaba atención a su alrededor y no recordaba cómo había llegado ahí, o más bien nada del camino recorrido. En esos momentos, incluso su cuerpo le resultaba ajeno. Por un segundo sintió que se observaba a si mismo desde la vereda del frente, como un espectador, no como el protagonista de su vida.

jueves, 28 de mayo de 2015

Lenguaje Secreto



Sólo para ti. Para nosotros. Estas palabras cargan con el peso de la emoción, de los momentos, de las caricias. Tienen el sabor de tus besos y la fuerza de tu mirada. Son nuestras y únicas. Especiales. Mágicas.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Momento



Se sentó a su lado y tomó su mano en silencio. No debería haber estado ahí, pero la tibieza de su piel lo cambió todo.

viernes, 24 de agosto de 2012

Huellas en la arena



Las huellas se desvanecían en la arena como lejanos recuerdos de la primera infancia. Con cada nueva caricia de la marea sus pisadas se volvían menos visibles. Caminaba lentamente sin rumbo fijo, sin un objetivo en mente. Sólo caminaba. Por curioso que pareciera no pensaba en nada en específico, simplemente se movía por inercia como empujada o arrastrada por una fuerza extraña, ajena a su persona, a su realidad. Respiraba lentamente. El aire frío y salobre entraba por su nariz y boca, llenándola de paz.

Ya no escuchaba los gritos. A decir verdad, desde hace mucho tiempo que había dejado de prestarle atención. Ahora parecían confusos, como si nunca hubiesen existido, con la inconfundible sensación de abstracción de quien observa una película o escucha un relato ajeno de acontecimientos que no alcanza a dimensionar. ¿Había sido así siempre?. Tal vez su vida había sido una simple representación de la realidad de alguien más, de otra persona.

De alguna forma sentía la desazón del tiempo perdido, desperdiciado en compañía de un ser que, más que ocupar un lugar en su vida, la había ido consumiendo poco a poco, torciendo su existencia cada vez un centímetro más allá, quebrando, mancillando su ser, hasta un punto del cual, durante mucho tiempo, pensó que no podría volver jamás. Se sentía perdida, incomunicada. Más aún, sentía que había desaparecido toda capacidad de comunicarse, su voz ya no era la misma. Ya no se reconocía. Sentía lástima y culpa a partes iguales. Entonces pensó que ya no quedaba nada, sólo era un cascarón vacío, todo vestigio de vida se había extinguido.

Pero había algo escondido. Algo no había muerto. Lo podía sentir palpitar muy lejos, oculto en algún lugar. No podía saber que era, por mucho que se esforzase, pero estaba ahí, lo percibía cada vez con más fuerza. Estaba ahí y buscaba salir. Lo sabía, y lo creía con una fe que se alimentaba de cada lágrima derramada, de cada súplica, de cada sueño perturbado y de cada golpe recibido. Estaba ahí. Se fortalecía y quería salir. Entonces dijo las palabras que siempre estuvieron ahí, latentes en el aire, con una voz que creía jamás volvería a escuchar. Su propia voz. Vibrando como el fuego de una hoguera avivada por nueva leña. "Nunca más".

Las huellas se desvanecían en la arena como lejanos recuerdos de la primera infancia. Soltó el cuchillo y al caer tiñó de un rojo carmesí la arena húmeda de la playa, cuando el mar limpió el filo este resplandeció como la primera estrella la noche. Su piel y ropa manchadas de sangre, parecían la escena de un cuadro surrealista. A lo lejos sintió el graznido de una gaviota, luego otras se sumaron al sonido de la mañana. El aire frío y salobre entraba por su nariz y boca, llenándola de paz.